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Cómo comprar un coche eléctrico de segunda mano

Comprar un coche eléctrico de segunda mano se parece poco a comprar uno de gasolina. Aquí la mecánica importa menos: no hay embrague que patine ni cadena de distribución que se estire. Casi todo se juega en una sola pieza —la batería— y en un puñado de detalles que el comprador medio no sabe mirar. Esta guía te explica, sin jerga, qué decide de verdad la compra y cómo llegar a ver el coche con los deberes hechos.

Veredicto rápido

Un eléctrico usado bien elegido es una compra muy sensata: pocas piezas que se desgasten, mantenimiento barato y un coste por kilómetro bajo. El riesgo no es que "se rompa el motor", sino pagar de más por un coche cuya batería ha perdido más capacidad de la que toca, o quedarte corto de autonomía para tu uso real. Si compruebas el estado de la batería, entiendes qué autonomía vas a tener de verdad y confirmas que la garantía sigue en vigor, el resto es mucho más fácil que en un coche de combustión.

La batería: lo único que de verdad decide la compra

La batería es lo más caro del coche y lo que más condiciona su valor. Lo que te interesa es su estado de salud (SoH, state of health): cuánta capacidad conserva respecto a cuando era nueva. Un eléctrico con bastantes años puede estar perfecto, y uno relativamente joven puede estar maltratado. Cómo orientarte:

  • Pide ver la autonomía estimada con la batería cargada al 100% en la propia pantalla del coche, no una foto antigua. Compárala con la autonomía que daba ese modelo de nuevo.
  • Para un dato fino, hay apps de diagnóstico (varían según marca) que leen la capacidad real y, en algunos modelos, el SoH directamente.
  • Distingue entre degradación normal —la que cualquier batería sufre con los años y los kilómetros— y la degradación por malos hábitos del dueño anterior (cargar siempre al 100% en baterías de níquel, abusar de la carga rápida como única fuente, dejar el coche descargado al sol).

Dos factores técnicos marcan mucho la diferencia entre modelos:

  • La química. Las baterías LFP (litio-ferrofosfato) toleran bien cargarse al 100% a diario; las de níquel (NMC/NCA) rinden más en autonomía pero prefieren moverse entre el 20% y el 80% salvo antes de un viaje.
  • La refrigeración. Las baterías con refrigeración líquida gestionan mejor el calor y la carga rápida; las de refrigeración pasiva (por aire) son más sensibles a la degradación y al calor, algo a tener muy en cuenta en el clima español.

Esto es lo general de cualquier eléctrico. ¿Quieres saber qué comprobar en LA unidad concreta que vas a ver —su versión, su química de batería y su estado real? Genera tu informe gratis en LemonProof y ve a la cita sabiendo exactamente qué mirar.

Autonomía real frente a la WLTP

La cifra de autonomía que verás en el anuncio suele ser la WLTP, un valor homologado de laboratorio. En el mundo real, sobre todo en autovía y con frío, esa cifra baja —a veces de forma notable— y baja aún más si la batería ya está algo degradada. No es trampa: es lo normal. Lo importante es que calcules tu uso real (cuántos kilómetros haces al día, si cargas en casa, cuántos viajes largos haces) y compruebes que la autonomía real de esa unidad te cubre con margen. Un coche que sobre el papel "llega" pero en la práctica te deja justo es una fuente de disgustos.

Carga: lo que necesitas saber antes de comprar

  • El conector. La mayoría de eléctricos modernos usan CCS para la carga rápida en corriente continua y Tipo 2 para la carga en corriente alterna (casa y postes públicos). Algunos modelos antiguos (típicamente ciertos Nissan) usan CHAdeMO, un estándar en desuso y cada vez peor cubierto en la red pública: tenlo en cuenta si haces viajes.
  • La velocidad. Mira la potencia máxima de carga rápida (DC) que admite el coche y la de carga en casa (AC). No todos cargan igual de rápido, y eso cambia mucho la comodidad en ruta.
  • La carga en casa. Si puedes instalar un punto de carga en casa o el trabajo, un eléctrico cobra todo el sentido. Si dependes solo de la red pública, asegúrate de que tu zona está bien cubierta para el conector de ese coche.

La garantía de la batería

Casi todos los fabricantes ofrecen una garantía específica de la batería (habitualmente del orden de 8 años, con un límite de kilómetros) que cubre que su capacidad no caiga por debajo de cierto umbral. Comprueba cuánto le queda a la unidad que miras (años y kilómetros), porque una batería aún en garantía es una red de seguridad importante. Pide la documentación que lo acredite.

Qué revisar en la inspección presencial

Más allá de la batería, mira lo de siempre y algún detalle propio del eléctrico:

  • Carga delante del vendedor, aunque sea unos minutos, para confirmar que admite carga AC y DC sin errores.
  • Neumáticos: los eléctricos pesan más y desgastan antes; mira el desgaste y que sean los adecuados.
  • Frenos: con la frenada regenerativa se usan poco, así que vigila óxido en discos por falta de uso.
  • Pantalla y electrónica: que no haya testigos de avería, que las actualizaciones de software estén al día y que todo el equipamiento responda.
  • Carrocería y bajos: golpes, reparaciones y, en su caso, estado de la protección de la batería en los bajos.

Documentación a pedir al vendedor

ITV al día, historial de mantenimiento (sí, también lo tienen), número de propietarios, informe de la DGT y comprobación de cargas. Y, específico del eléctrico: documentación de la garantía de la batería y, si el coche es un Renault Zoe u otro con ese esquema, confirmar si la batería es en propiedad o en alquiler (una cuota mensual que se hereda con el coche y cambia por completo las cuentas).

¿Es justo el precio?

El precio de un eléctrico usado depende de la versión, los kilómetros, la autonomía real y —sobre todo— del estado de la batería y de cuánta garantía le queda. Habla siempre de rangos orientativos y desconfía de quien te dé una cifra exacta como si fuera ley. Dos unidades del mismo modelo y año pueden valer muy distinto según cómo se hayan cuidado. La batería degradada o una garantía a punto de expirar son palancas legítimas de negociación.

Los eléctricos usados más comunes en España

Si estás mirando uno de los modelos más habituales del mercado de ocasión eléctrico español, tenemos una guía específica para cada uno con sus puntos concretos:

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si la batería de un coche eléctrico usado está bien? Pide cargarla al 100% y mira la autonomía estimada actual en pantalla, compárala con la que daba de nuevo y, para un dato fino, usa una app de diagnóstico del modelo. Una pérdida moderada de capacidad con los años es normal; lo que debes detectar es una degradación excesiva por malos hábitos.

¿Cuántos años dura la batería de un coche eléctrico? Muchas baterías conservan buena parte de su capacidad tras más de 150.000–200.000 km, sobre todo las de refrigeración líquida y buena gestión térmica. La química y el cuidado del dueño anterior influyen más que la edad en sí.

¿Merece la pena un coche eléctrico de segunda mano sin cargador en casa? Puede merecer la pena si tu zona tiene buena red pública para su conector y tu uso diario es moderado, pero la comodidad y el ahorro son mucho mayores si puedes cargar en casa o el trabajo. Valóralo según tu situación real.

¿Qué autonomía real tendré frente a la cifra del anuncio? La cifra del anuncio suele ser la WLTP de laboratorio; en uso real, sobre todo en autovía y con frío, esperarás bastante menos, y aún menos si la batería está degradada. Calcula tu uso real y comprueba que esa unidad te cubre con margen.

¿Qué garantía tiene la batería? Suele haber una garantía específica de la batería del orden de 8 años con un límite de kilómetros, que cubre que su capacidad no baje de cierto umbral. Comprueba cuánta le queda a la unidad concreta y pide la documentación.


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